Un niño nos ha nacido, un hijo
se nos ha dado. La insignia del poder está sobre sus hombros y se le llamará
Ángel del Gran Consejo.
Puer natus est
nobis, et fílius datus est nobis,
cuius impérium super húmerum eius,
et vocábitur nomen eius magni consílii
Angelus.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que has querido que todo esfuerzo humano por ir a
tu encuentro tenga su origen y su plenitud en el nacimiento de tu Hijo;
concédenos contarnos siempre entre el número de los que siguen a Cristo, en
quien está la salvación del género humano.
El, que vive y reina contigo...
Amén.
Han recibido ustedes la unción del Espíritu Santo
Lectura de la primera carta del
apóstol san Juan
2, 18-21
Hijos míos: Esta es la última
hora. Han oído ustedes que iba a venir el anticristo; pues bien, muchos
anticristos han aparecido ya, por lo cual nos damos cuenta de que es la última
hora.
De entre ustedes salieron, pero no eran de los nuestros; si hubieran sido de
los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para que se
pusiera de manifiesto que ninguno de ellos es de los nuestros.
Por lo que a ustedes toca, han recibido la unción del Espíritu Santo y tienen
así el verdadero conocimiento. Les he escrito, no porque ignoren la verdad,
sino porque la conocen y porque
ninguna mentira viene de la verdad.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 95
Alégrense los cielos y
Laeténtur
Cantemos al Señor un nuevo
canto, que le cante al Señor toda la tierra; cantemos al Señor y bendigámoslo,
proclamen su amor día tras día.
Alégrense los cielos y
Laeténtur
Alégrense los cielos y la
tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena. Salten de gozo los campos y cuanto
hay en ellos, manifiesten los bosques regocijo.
Alégrense los cielos y
Laeténtur
Regocíjese todo ante el Señor,
porque ya viene a gobernar e orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las
que rija todas las naciones.
Alégrense los cielos y
Laeténtur
Aleluya, aleluya.
La Palabra se hizo carne y habitó entre
nosotros. A todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos
de Dios.
Verbum caro
factum est, et habitávit in
nobis. Quotquot recepérunt eum, dedit eis potestátem
fílios Dei fíeri.
Aleluya.
La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros
† Lectura del santo Evangelio según
san Juan
1, 1-18
Gloria a ti, Señor.
En el principio ya existía Aquél que es
la Palabra, y Aquél que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el
principio él estaba con Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y
sin él nada empezó de cuanto existe. El era la vida, y la vida era la luz de los
hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no
Aquél que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que
viene a este mundo. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin
embargo, el mundo no lo conoció.
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo
recibieron les concedió llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su
nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni por
voluntad del hombre, sino que nacieron de Dios.
Y Aquél que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto
su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de
gracia y de verdad.
Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:
"A éste me refería
cuando dije: "El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí,
porque ya existía antes
que yo"".
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada
por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por
Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el
seno del Padre, es quien lo ha revelado.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Señor y Dios nuestro, que infundes en
nosotros los sentimientos de la verdadera piedad y nos impulsas a vivir en
plena concordia con nuestros prójimos; concédenos poder tributarte con estas
ofrendas el culto que te es debido, y estrechar los lazos de caridad con nuestros
hermanos por la participación en este sacramento.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Cristo, luz del mundo
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque, gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria
brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que conociendo a Dios
visiblemente, él nos lleve al amor de lo invisible.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
Dios envió al mundo a su Hijo único, para darnos vida por medio de él.
Misit Deus Fílium suum unigénitum in mundum, ut vivámus
per eum.
Oremos:
Que tu pueblo, Señor, al que jamás has dejado de tu mano, experimente tu ayuda
presente y futura; a fin de que, disfrutando de los bienes terrenos necesarios,
pueda buscar con mayor confianza los bienes eternos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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